"No sabes leer, ¿verdad?"
Oskar Kokoshka no sabía leer.
Y si viste ¡Oye, Arnold!, sabrás que tampoco sabía trabajar, ser responsable o hacer algo útil.
Pero esto le trajo problemas.
Le pidieron la sal, pasó la pimienta.
Le pidieron firmar un documento y garabateó cualquier cosa.
Le dieron una receta para leer y dijo que sus ojos estaban irritados por la cebolla.
Hasta que casi se toma unas pastillas para limpiar acuarios en vez de aspirinas.
Ahí Arnold lo enfrentó:
«No sabes leer, ¿verdad?»
Oskar con el descaro que le caracteriza, le dijo que no lo necesitaba, que había llegado muy lejos sin hacerlo.
(Spoiler: No había llegado a ningún lado).
Hicieron una apuesta: 50 dólares si aprendía a leer.
Arnold le enseñó las letras, le llevó un libro de ejercicios.
Pero Oskar hizo trampa.
Memorizó un cuento que otro niño le leyó y lo recitó frente a todos.
Estaban celebrando hasta que le dieron otro libro y no tenía idea de lo que decía.
Hasta ahí le duró la mentira.
Después de ver cómo el analfabetismo le estaba costando demasiado, volvió con Arnold y le dijo:
«Ahora sí quiero aprender.»
Y aprendió.
Yupi.
Pero algo curioso de esto, es que el señor Kokoshka pasó toda su vida sin leer.
Sabía lo que le costaba, pero no hizo nada.
Hasta que un día la realidad lo golpeó lo suficiente como para que dejara de engañarse y se pusiera manos a la obra.
Lo mismo pasa con la formación.
Muchos creen que cualquiera puede enseñar, que su audiencia está aprendiendo.
Pero si mirasen con lupa, se darían cuenta de que están perdiendo alumnos por el camino. Porque no basta la información, si no sabes hacerla accesible como para que la gente la aplique.
Con esto aprendes sobre cómo crear mejor formación para ayudar a que tus alumnos terminen lo que empiezan.
Adriana Pataki 🙂