Willy Wonka era caníbal

Willy Wonka dice que todo en la fábrica es comestible, incluso él.

En la película Sweeney Todd, cantan sobre “el hombre devorando a otro hombre”.

En la película de Pink Floyd (The Wall), los humanos caminan por una cinta eléctrica directo a una moledora, el resultado son salchichas.

Incluso hay un comercial de KFC donde sumergen a una persona en un lago de salsa y sale como un tender de pollo.

¿Qué tienen en común todos estos videos?

Para Dimitri Revolt (@realityrevolt), lo que tienen en común es el canibalismo. Dice:

“Estos temas han circulado a plena vista durante décadas, entretejidos en películas y espectáculos, donde la imaginería caníbal se estiliza, musicaliza, estetiza y replantea como entretenimiento. Lo que antes te inquietaba se volvió familiar, y lo que era familiar se volvió aceptable. El problema no es el secretismo, sino la normalización: la repetición embota el instinto, la ironía desarma la crítica y el espectáculo transforma la violencia en cultura.”

Ya lo he dicho antes: las teorías de conspiración son supremamente entretenidas.

Hay un trabajo de investigación profunda para conectar puntos y ver cosas donde nadie más ve. Honestamente, no sé cómo le hacen para ser tan conspiranoicos y encontrar datos perturbadores en todas partes.

Pero lo que me interesa es cómo Dimitri llevó esta investigación a un formato de infoproducto muy atractivo.

Creó una serie de 10 episodios, 5 horas en total, donde revela “las oscuras realidades del control de las poblaciones”.

No imagino el tiempo que empleó para producir algo así, pero el resultado es un producto disponible en 4 idiomas por un pago único de 49 euros.

Es demasiado entretenido porque, a diferencia de los documentales que te cuentan lo que ya pasó, esta serie producida por una sola persona te cuenta lo que puede estar pasando.

Es infoentretenimiento puro. Teje teorías, investigaciones y conexiones de una forma que hace que sea difícil no sentir curiosidad.

Lo que hace entonces en sus distintos canales es hablar de extractos, y como llamado a la acción su único producto (la serie).

Algo podemos sacar de ahí, del marketing digo, no de lo de comer gente.

Y es que al final, todos estamos vendiendo una forma de ver el mundo. La pregunta es si la tuya es lo suficientemente entretenida como para que alguien quiera pagar por ella.

Adriana Revolt 🙂